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¿Qué tipo de problemas nos encontramos en el aula?
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¿Qué tipo de problemas nos encontramos en el aula?
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Los docentes saben muy bien que difícilmente tendrán alumnos estandarizados ya que cada cabeza es un mundo. El docente, tenga o no experiencia, podrá vislumbrar los roles de cada uno de sus alumnos desde las primeras sesiones. Así pues, sabrá quién es quién. Encontrará en primera instancia al agudo bromista, al saboteador constante, al que nos pone a prueba con su inteligencia superior al promedio, al colaborador, al líder del grupo, etcétera.

A todos y cada uno de estos personajes debemos tratar de identificarlos, sopesarlos, ver sus cualidades y deméritos. Y no sólo a ellos, sino también a los grupos que se forman a su alrededor. Pero siempre, a lo largo de todos los caminos, nos toparemos con alguno de estos muchachos que tienden a ir más allá de los confines de la paciencia, que ponen a prueba los nervios, que son un desafío constante a los límites.

De una manera básica, podemos establecer dos grupos de alumnos que nos pueden traer problemas:

  • En los primeros año, los niños pueden desarrollar diversos transtornos por déficit de atención o por hiperactividad, lo caul acarrea que se distraigan, evolucionen como el resto de sus compañeros o entorpezcan el avance de la clase. La inserción en un nuevo mundo (la escuela) y el hecho de separarlos del hogar influyen en los problemas de los más pequeños.
  • En los años posteriores, durante la entrada a la secundaria y a la adolescencia, el perfil del alumno problema va tomando otros matices: rechazo violento del sistema, a los principios de autoridad, desapego religioso y social, etc. La desmotivación se vuelve más notoria, los problemas de conducta degeneran en hechos violentos hacia sus demás compañeros. En general, son radicales en sus apreciaciones y comportamientos.

Sin embargo, son precisamente estas personas quienes necesitan el apoyo y especial cuidado de padres y docentes, más que castigos o reprimendas. Porque lo normal es presionarlos, hacerles notar (a veces de mala manera) que son nuestra piedra en el zapato. No se llama a sus padres para encontrar soluciones al respecto, sino simplemente para hacer el papel de denunciantes. En otras ocasiones, la manera idónea que se encuentra es la de hacerles preguntas todos los días, en todas las clases, para motivar algún cambio. También se les pone como ejemplo de lo que no se debe hacer (o no se debe ser); se les amonesta, cuando se les encuentra conversando o riendo, de manera distinta al resto de sus compañeros. Son los chivos expiatorios para todo cuanto sucedes en el aula. Todas estas respuestas o actitudes de los docentes son erróneas.



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